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El kicillofismo rechaza una reconciliación "para la foto" y prioriza la construcción de una mayoría opositora. Máximo Kirchner salió a desmentir diferencias ideológicas para evitar que la interna siga escalando.
Axel Kicillof alegó que tenía problemas de agenda cuando Ricardo Quintela lo llamó, por segunda vez, para preguntarle si viajaría el sábado a La Rioja a participar del acto homenaje a Enrique Angelelli. Máximo Kirchner ya había confirmado su presencia, y el gobernador riojano esperaba convertirse en el arquitecto de una foto de unidad inédita. Pero el “milagro” no sucederá: el gobernador bonaerense no quiere escenificar una unidad que, intuye, se agotará al día siguiente cuando las recriminaciones del cristinismo continúen. El objetivo, insiste, es otro: construir un frente amplio capaz de derrotar a Javier Milei.
“¿De qué sirve la foto si después no hay una discusión sincera? Eso ya lo hicimos y salió mal. Primero la foto y después no hay garantía de nada, nos siguen puteando más de lo que putean a Milei”, deslizó un funcionario cercano al gobernador bonaerense, poco después de que Kicillof hubiera tomado la decisión de no participar del acto junto a Máximo en La Rioja. Quintela insistió durante varios días. Creía que convencer a Kicillof sería más sencillo que convencer al líder de La Cámpora. Pero el gobernador terminó declinando la invitación.
Kicillof tiene su estrategia para ganar las elecciones en 2027 y, desde hace un tiempo, mira más hacia afuera del peronismo que hacia adentro. Antes que pensar en resolver la interna, insisten en el kicillofismo, hay que trabajar en construir un frente amplio y federal que aglutine a la mayor cantidad de fuerzas opositoras a Milei. El resto, argumentan, se resolverá por su propio peso. “Los muchachos después verán si quieren jugar a ganar o facilitarle 4 años más a la derecha”, sacan pecho en La Plata.
Es la misma lógica por que explica que no visita a Cristina Fernández de Kirchner en San José 1111 o participar de otro tipo de actividades “en nombre de la unidad”. “El hecho de que sigamos trabajando con ministros de La Cámpora, que muchas veces nos quieren dinamitar el gobierno, es una demostración de que Axel tiene vocación de unidad. Pero no hay que correr el eje. El eje es cómo construimos una fuerza grande para ganarle a Milei”, desliza un dirigente kicillofista, quien todavía recuerda las dificultades para aprobar, a fin del año pasado, el endeudamiento y el Presupuesto 2026 en la Legislatura bonaerense.
Pese a las resistencias de Kicillof, que recibió con dureza el paralelismo con Agusto Vandor –sindicalista asesinado en 1969 luego de proponer un “peronismo sin Perón”– del camporista Facundo Tignanelli, todavía existen varios interlocutores que trabajan para reunirlo con el cristinismo. Y si no a él, al menos con sus embajadores políticos, como “Carli” Bianco o Gabriel Katopodis. Algunos intentan lograrlo desde el Congreso, como Germán Martínez o José Mayans, y otros desde las provincias, como Gildo Insfrán y el propio Quintela.
Quintela fracasó, admiten varios de los dirigentes que sí viajarán a La Rioja este sábado, porque se equivocó en querer publicitar la foto. “Así como está la cosa no va nadie. Hizo todo demasiado público, estas cosas son en reserva, no contando en público quién va y quién no va”, masculla, irritado, un referente de peso en el cristinismo que viene trabajando para reunir a todos los socios mayoritarios del peronismo –Máximo y Kicillof, pero también Sergio Massa y los gobernadores– hace un mes.
Hasta que esto suceda, Kicillof planea continuar con su agenda de trabajo por las provincias. Ya recorrió La Rioja –ese fue el argumento que utilizó, incluso, para no ir el sábado–, Tierra del Fuego, Córdoba y Corrientes. El equipo que trabaja en su candidatura presidencial insiste en que, si bien Provincia de Buenos Aires es clave –por representar más del 40% del electorado y por concentrar el voto duro kirchnerista–, la disputa con Milei está destinada al fracaso si no se logra recuperar los votos perdidos en el norte del país y los grandes centros urbanos de Santa Fe y Córdoba.
Las negociaciones, insisten, llegarán con el tiempo. Kicillof se niega a negociar el candidato que lo sucederá en Provincia de Buenos Aires a cambio del apoyo de Cristina en la elección presidencial y esta resistencia, atisban en el propio kicillofismo, estirará la tensión hasta último momento.
Todos los dirigentes y dirigentas que visitan a Cristina a su departamento de Constitución, donde cumple con la prisión domiciliaria, coinciden en que la ex presidenta está dolida con Kicillof, que la ruptura es definitiva y que le corresponde a él llamarla por teléfono para romper con la guerra fría que dura desde el cierre de listas del año pasado. Las encuestas que le llegan a San José 1111 le muestran que, silenciosa y encerrada, mide más que ningún otro líder de la oposición. Mide más que Kicillof –por solo un par de puntos– y que Sergio Massa y el resto de las figuras del peronismo que amagan con competir por la presidencia, como Sergio Uñac.
Estos datos sirven como insumo de negociación para La Cámpora, que se convirtió en su vocera oficial desde que ella dejó de publicar cartas y enviar audios o mensajes. La bandera “Cristina presidenta” apunta a apelar a esos votantes kirchneristas duros, que el camporismo está convencido de que no son de Kicillof, sino que en su mayoría responden fielmente a la figura de CFK. Ninguno cree realmente que Cristina pueda ser candidata, la inhabilitación política ratificada por la Corte Suprema es inapelable, pero la promesa funciona como estrategia de acumulación política en PBA.
En el último mes, La Cámpora subió el tono de la confrontación contra Kicillof, acusándolo de traidor, de que no estaba en condiciones de ser candidato presidencial y que era inentendible que no fuera a visitar a Cristina. La estrategia enfureció al gobernador bonaerense, pero no respondió. Y, cuando la tensión amenazaba con derivar en una ruptura, Máximo intervino para bajar un poco los ánimos.
El jefe de La Cámpora dio una entrevista en C5N el lunes por la noche en la que aseguró que no había diferencias ideológicas con Kicillof, desmintiendo una premisa que había comenzado a instalarse en la propia militancia camporista para justificar la pelea con el gobernador. “Estoy convencido que no estamos en veredas opuestas con Kicillof. Nosotros compartimos el peronismo en la provincia de Buenos Aires. Él es presidente del PJ y gobernador, después hay debates y discusiones lógicas de adentro de la política, que no interesan”, afirmó Máximo.
Las palabras del líder de La Cámpora sirvieron para bajar la temperatura a la interna, pero no convencieron a Kicillof. El gobernador, insisten en su entorno, continuará apostando a construir por fuera del peronismo antes que ordenar la disputa puertas adentro. Un obstáculo más para la foto que Quintela imaginó para el sábado.
MCM/MG

El diputado habló de la disputa interna con el gobernador y reveló que existe discusión político. El gobernador de La Rioja busca que se encuentren en un homenaje el fin de semana próximo.
En medio de los preparativos para la cumbre peronista que organiza el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, para el próximo sábado en homenaje al obispo Enrique Angelelli, Máximo Kirchner relativizó anoche la pelea con Axel Kicillof. El diputado nacional aseguró que “no estamos en veredas opuestas” con el gobernador de la provincia de Buenos Aires y calificó como ajena a su comprensión la disputa que, según dijo, “adelantó” un sector de la política.
“Estoy convencido que no estamos en veredas opuestas con Kicillof. Nosotros compartimos el peronismo en la provincia de Buenos Aires; él es presidente del PJ y gobernador, después hay debates y discusiones lógicas de adentro de la política, que no interesan”, planteó Kirchner en C5N. Y agregó, en un tono que combinó extrañeza y cierta autocrítica sobre la escalada de los últimos meses: “No sabría explicarte, me gustaría saber. No hay una pelea en el conurbano, puede haber cruce de declaraciones, pero después todos los intendentes trabajan para mejorarle la calidad de vida a la gente. Pero hubo gente que adelantó una pelea que yo nunca entendí mucho. Es algo que me vengo preguntando con mucho tiempo”. Más adelante en la nota, sumó otra frase en la misma línea: “Salimos en conjunto de la defensa de los bonaerenses”.
Aunque no lo dijo de manera explícita, la referencia de Kirchner a “la gente que adelantó una pelea” remite al desdoblamiento de las elecciones legislativas bonaerenses que Kicillof anunció el 7 de abril de 2025, cuando fijó los comicios provinciales para el 7 de septiembre, por afuera de las elecciones nacionales de octubre. Esa decisión, tomada tras semanas de negociaciones fallidas con Cristina y Máximo Kirchner, fue leída en ese momento como el quiebre definitivo entre el gobernador y el cristinismo, y La Cámpora había advertido antes del anuncio que desdoblar implicaba “romper” con la unidad. Tras la derrota del peronismo en octubre, la propia Cristina Kirchner responsabilizó a Kicillof por esa estrategia, a la que calificó de “error político”.
Las declaraciones llegan apenas días después de que este diario revelara los detalles de la cumbre que impulsa Quintela para el sábado en La Rioja, en el marco del 50° aniversario del asesinato de Angelelli. El gobernador riojano viene trabajando desde hace semanas para lograr la foto que, hasta ahora, parecía imposible: Kirchner y Kicillof compartiendo el mismo escenario, después de un año de silencio entre el cristinismo y el kicillofismo. El líder de La Cámpora ya confirmó su presencia, mientras que el mandatario bonaerense le prometió a Quintela que viajará, aunque en el entorno de Kicillof todavía relativizan esa posibilidad y desconfían de cualquier gesto de acercamiento con el sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner.
El clima entre ambos espacios había llegado a un punto de máxima tensión hace poco más de dos semanas, cuando el diputado provincial Facundo Tignanelli, mano derecha de Kirchner en la Legislatura bonaerense, comparó a Kicillof con el dirigente sindical Augusto Vandor, asesinado en 1969 tras proponer un peronismo sin Perón. Esa comparación fue leída puertas adentro del Movimiento Derecho al Futuro, la agrupación de Kicillof, como una amenaza directa, y profundizó la convicción de que cualquier instancia de diálogo con La Cámpora es, en rigor, una trampa para desgastar al gobernador y forzarlo a resignar su candidatura a la reelección en la provincia.

Tras apoyar al bolsonarismo en Brasil, el Presidente participó de la asunción de Keiko Fujimori en Perú y prepara una nueva escala en Colombia. En el Gobierno buscan posicionarlo como referente regional.
Javier Milei viajó este martes a Perú para participar de la ceremonia de asunción de la flamante presidenta Keiko Fujimori y mantuvo una reunión bilateral con la nueva mandataria en Lima, en un viaje que la Casa Rosada considera una pieza central de la estrategia para consolidar un bloque de gobiernos de derecha en América Latina. El encuentro se produjo apenas tres días después de su visita a Brasil para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y forma parte de una agenda internacional con un marcado contenido político.
Durante la reunión, realizada en el Palacio de Torre Tagle, Milei estuvo acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. Del lado peruano participaron Fujimori y su ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Espá. Según informó la Cancillería de Perú, ambas delegaciones destacaron “los profundos lazos históricos” entre ambos países y coincidieron en la necesidad de profundizar la cooperación bilateral en materia económica, seguridad, ciencia, tecnología e innovación.
La sintonía política quedó reflejada incluso antes del inicio formal del encuentro, durante un intercambio difundido por la Oficina del Presidente. La flamante presidenta peruana le manifestó a Milei que era “un honor” recibirlo en Lima, mientras el libertario le agradeció la invitación. Durante esa breve conversación, que dejó expuesta la cercanía política y personal que ambos procuran construir, Fujimori comentó que el jefe de Estado argentino tenía por delante “una agenda muy nutrida” y Milei confirmó que, además de las actividades oficiales de la transmisión del mando, recibiría un doctorado honoris causa de la Universidad San Martín de Porres. El Presidente cerró el diálogo con una reflexión sobre el vértigo de una jornada de investidura: “El día de la asunción te puedo asegurar que es un día muy largo, con muchas obligaciones y un poquito tedioso. Pero es parte de la rutina”.
La escala peruana fue la continuidad de la gira que había iniciado el fin de semana pasado en Brasil. Allí, Milei participó del congreso del Partido Liberal para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro frente a Luiz Inácio Lula da Silva y dejó una definición que sintetiza la hoja de ruta del oficialismo: “Vinimos a acompañar la ola azul, que sea el momento y terminemos de pintar el mapa como corresponde de una vez”.
La gira regional continuará el 7 de agosto, cuando Milei viaje a Bogotá para asistir a la ceremonia de asunción de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. En la Casa Rosada tampoco descartan una escala en Ecuador para mantener una reunión con Daniel Noboa y avanzar en nuevos acuerdos bilaterales.
En Balcarce 50 consideran que el escenario continental comenzó a modificarse a partir de las victorias de Fujimori en Perú y de De la Espriella en Colombia, a las que se suma la expectativa de un regreso del bolsonarismo al poder en Brasil. Ese corrimiento ideológico alimentó entre los colaboradores más cercanos al Presidente la idea de impulsar una instancia de coordinación política entre esos gobiernos, una suerte de reedición del Grupo de Lima, el bloque diplomático impulsado en 2017 por una docena de países americanos para coordinar una posición común frente al entonces gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela-
La apuesta excede la construcción de buenas relaciones bilaterales. En el entorno presidencial sostienen que Milei busca ocupar un lugar que, a su juicio, hoy se encuentra vacante: el de articulador político de una nueva generación de dirigentes de derecha en América Latina. El Presidente entiende que fue uno de los primeros en romper la hegemonía de la centroizquierda en la región y que, a partir de ese antecedente, puede convertirse en una referencia para los gobiernos que comenzaron a emerger en los últimos meses.
La estrategia también busca proyectar esa construcción más allá de las fronteras latinoamericanas. Desde el inicio de su mandato, Milei cultivó una estrecha relación con distintas figuras de la derecha internacional, con Donald Trump como figura paradigmática. Ahora, con la aparición de gobiernos ideológicamente afines en Sudamérica, el libertario cree que existe una oportunidad para complementar esos vínculos globales con un liderazgo regional propio.
Sin embargo, el oficialismo también procura evitar que esa confrontación termine trasladándose al plano institucional. En su conferencia de prensa de este martes, el vocero presidencial, Adrián Ravier, buscó bajarle el tono a la tensión con Brasil al afirmar que las diferencias existen entre Milei y Lula, pero no entre ambos Estados. “Brasil y Argentina tienen una relación histórica”, sostuvo el portavoz, quien además remarcó que los canales diplomáticos y comerciales continúan funcionando con normalidad pese a los cruces políticos de las últimas semanas.
El oficialismo apuesta a que, si el ciclo electoral continúa favoreciendo a candidatos cercanos a sus posiciones, Milei pueda dejar de ser una excepción dentro del mapa regional para transformarse en el principal referente político de una derecha latinoamericana en expansión. En la Casa Rosada creen que, si ese giro se consolida, el Presidente argentino estará en condiciones de desempeñar un papel similar al que durante la década pasada ejercieron otros líderes regionales, aunque desde un ideario abiertamente libertario y con Buenos Aires como uno de los centros de articulación política del espacio.
PL/CRM

La hija y heredera política del fallecido expresidente Alberto Fujimori asume el poder, casi 26 años después de que su padre dimitiese por un gran escándalo de corrupción y fuese condenado posteriormente por crímenes de lesa humanidad
Por Pedro Lacour - De Bolsonaro a Fujimori: Milei acelera la construcción de un bloque de derecha en América Latina
La nueva presidenta de Perú, la derechista Keiko Fujimori, asumió este martes, después de haberse impuesto al izquierdista Roberto Sánchez en las elecciones del pasado junio por menos de 50.000 votos, retomando así el camino iniciado por su polémico padre, el difunto Alberto Fujimori, que gobernó entre 1990 y el 2000.
Fujimori, administradora de empresas de ascendencia japonesa, es la primera mujer en ser elegida jefa de Estado en Perú y todo indica que cuenta con el suficiente respaldo en el Parlamento para poder completar su mandato de cinco años (2026-2031). La nueva mandataria busca terminar con la inestabilidad que marcó la vida política del país en la última década, con una serie de destituciones presidenciales promovidas desde el Legislativo -la mayoría, con los votos del fujimorismo-.
Keiko Fujimori se convirtió en la novena presidenta que asume el mando de Perú en diez años, después de unas elecciones que no estuvieron exentas de polémica. Tras varias semanas de recuento, Fujimori (Fuerza Popular) se impuso a Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) por menos de 50.000 papeletas, según los datos oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Si bien el izquierdista ganó dentro de Perú, Fujimori se hizo con la presidencia gracias al apoyo de los peruanos residentes en otros países.
La mujer perseveró hasta este momento, con la esperanza de llegar al poder, tras haber perdido de forma consecutiva tres elecciones presidenciales en la segunda vuelta (las de 2011, 2016 y 2021), y haber pasado cerca de año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020, imputada por presunto lavado de dinero en la financiación irregular de sus campañas electorales.
El presidente Javier Milei viajó a Perú para asistir a la toma de posesión de Fujimori, así como otros jefes de Estado como el rey Felipe VI de España y los presidentes de Chile, José Antonio Kast; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura, y Paraguay, Santiago Peña.
Desde principios de siglo, la hija mayor y heredera política del exmandatario asumió las riendas del fujimorismo con el propósito de recuperar el poder y limpiar el nombre de su padre, que fue condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, además de otros cargos por diversos casos de corrupción.
Alberto Fujimori (1938-2024) abandonó el poder en el año 2000, pocos meses tras su victoria en las elecciones que le otorgó un tercer mandato consecutivo. Después de que una serie de grabaciones revelaran sobornos de su asesor Vladimiro Montesinos a figuras políticas, empresariales y mediáticas peruanas, el escándalo hizo que huyera del país a Japón. Sin embargo, su caída no supuso el fin del fujimorismo.
La politóloga y analista Eliana Carlín explicó que la corriente política abierta por Fujimori solo se debilitó durante unos años tras la fuga del mandatario. “Las figuras emblemáticas del fujimorismo siguieron siendo parte del ecosistema político del país, especialmente Keiko Fujimori desde el año 2011”, señaló tras la victoria de la hija mayor del expresidente. “En las cuatro campañas electorales en las que ha pasado a segunda vuelta ha habido un despliegue enorme de recursos económicos que vienen de los empresarios y de los poderes fácticos, aliados tradicionales de su padre”.
Fujimori no tiene una trayectoria política intachable y carga con el legado de su padre, que llegó a la presidencia por la vía electoral, pero se ganó con los años, dentro y fuera de Perú, el calificativo de “dictador” por la acumulación de poder y los delitos de lesa humanidad, cometidos en el marco de la lucha que emprendió contra los grupos guerrilleros Sendero Luminoso y MRTA. Tras ser detenido y extraditado a Perú desde Chile en 2005, la justicia peruana lo condenó a una pena de 25 años de prisión que, sin embargo, no cumplió porque en 2017 recibió un indulto humanitario.
Con información de la agencia EFE

El fuerte aumento de las temperaturas desde este miércoles junto a la velocidad del viento elevarán el riesgo de incendio al nivel máximo en la gran mayoría del país el fin de semana; la sucesión de olas de calor, cada vez más tempranas y duraderas, alarga la temporada de fuegos
Así se desencadenó el mayor incendio de la historia de España: radiografía del desastre forestal en Madrid y Ávila
Vienen malos días para la lucha contra el fuego en España. La ola de calor que a partir de este miércoles puede llevar los termómetros por encima de los 40 grados en medio país, junto al aumento previsto de la velocidad del viento del sur, dificultará las tareas de extinción de incendios y puede favorecer que surjan nuevos focos, advierte la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Durante el fin de semana la inmensa mayoría del país entrará en riesgo “extremo” de incendio, explica la agencia.
Este nuevo episodio llega justo cuando la meteorología había dado una tregua que ha permitido que los incendios de Ávila (el mayor fuego individual registrado en España) y Madrid hayan remitido en los últimos días y que implica que ahora puedan reavivarse. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alertó este mismo martes de que “los próximos días serán especialmente complejos” en la lucha contra el fuego.
Como se aprecia en los siguientes mapas, el riesgo extremo de incendio —el color rojo— irá extendiéndose por prácticamente todo el territorio en los próximos días, ocupando casi todo el país el domingo y el lunes. En el resto del país, predominará el riesgo alto o muy alto.
Nivel de riesgo de incendio que prevé la AEMET para los próximos días. Desliza para ver la predicción de cada jornada.
Fuente: AEMET
Si se analiza por porcentaje de territorio según cada nivel de riesgo, salvo el jueves, el peligro extremo de incendios irá aumentando, del 48% del país este miércoles, al 70% el próximo lunes. El riesgo muy alto tampoco dará tregua, porque el paso del 37% al 20% se produce a costa de aumentar el peligro, y no de reducirlo.
Porcentaje del territorio en cada nivel de riesgo, día a día.
Fuente: AEMET
¿Tanto influye en el riesgo de incendio que suba la temperatura un puñado de grados? “No es solo la temperatura. Es la falta de humedad, el tiempo que lleva sin llover, cómo de rápido suben esas temperaturas, cuánto tiempo se mantienen... Es importante también el viento, que ayuda a secar y es un factor fundamental en los incendios”, explica Cristina Santín, investigadora en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (CSIC-Universidad de Oviedo-Principado de Asturias).
“Los incendios se producen sobre combustibles finos y muertos, que son los que primero se equilibran con la humedad y temperatura ambiente, con un retardo de diez horas, más o menos. También pasa al revés: si tenemos tiempo húmedo, esos combustibles se equilibran con el tiempo húmedo. Con temperaturas bajas, una chispa no debería generar una ignición, con estas temperaturas y condiciones, sí”, elabora Félix Pérez, presidente de APRAFOGA, la Asociación Profesional de Axentes Forestais de Galicia.
"La primera ola del verano seca la vegetación y la deja lista para arder. Ahora vamos a iniciar la cuarta. Lleva unos dos meses sin llover y la vegetación está muy seca, totalmente disponible. Cualquier incendio, con un combustible tan seco, va a arder"
Pero la acumulación de olas de calor, cada vez más tempranas y más largas, provoca que cada año se alcancen antes las condiciones necesarias para que el monte arda, explican los expertos. “La primera ola del verano seca la vegetación y la deja lista para arder”, explica Carlos Madrigal, decano territorial de Madrid del Colegio Oficial de Ingeniería Técnica Forestal. “Ahora vamos a iniciar la cuarta. Lleva unos dos meses sin llover y la vegetación está muy seca, totalmente disponible. Cualquier incendio, con un combustible tan seco, va a arder”, advierte.
De cara a los próximos días, al aumento en la velocidad del viento, factor decisivo en la expansión o no de un incendio, se sumarán las bajas humedades relativas y el calor intenso, explica Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), lo que provocará que el miércoles y el jueves el peligro de incendios suba hasta niveles muy altos o extremos en la mayor parte del país, incluidas las islas más montañosas de Canarias.
Y cuanto más se prolongan las horas de calor, mayor es la posibilidad de que se produzcan de manera simultánea grandes incendios forestales en zonas geográficamente separadas, advierte la Aemet.
El endurecimiento de las condiciones ambientales en los últimos años está provocando que el peligro meteorológico ya esté más alto que nunca, espoleado por el calentamiento provocado por la actividad humana, , advierte Del Campo: el cambio climático antropogénico ha incrementado el peligro meteorológico de incendios desde la década de los 80 en el suroeste de Europa, explica la Aemet.
Santín cree que con la evolución de los últimos años, la regla de 30-30-30 como línea roja antiincendios —más de 30 grados, humedad relativa de menos del 30% y viento superior a 30 kilómetros por hora—, “se está quedando corta”. “Vamos ya con la cuarta ola de calor del año. Hay un índice, el riesgo meteorológico de incendio, que tiene en cuenta varios parámetros específicos de incendios. El año pasado, que tuvimos la temporada más grave de incendios desde que hay registros, esos índices fueron los más altos de los últimos 40 años (no hay datos de este año aún). Hay una relación clarísima entre oleada de incendios y condiciones meteorológicas, que están exacerbadas por el cambio climático” y este a su vez está espoleado por la acción humana, sostiene la experta.
La organización World Weather Attribution elaboró un informe el pasado verano, cuando se registró una de las peores temporadas de incendios que sufrió España, que concluía entre otras cuestiones que los datos “sugieren que, en el clima actual —que se ha calentado 1,3 grados desde la era preindustrial—, se prevé que las condiciones extremas que provocaron esos incendios forestales se reproduzcan aproximadamente una vez cada 15 años. En comparación con un clima 1,3 °C más frío, sin el [impacto del] cambio climático, solo cabría esperar que el fenómeno se produjera menos de una vez cada 500 años”.
Que durante el año haya más olas de calor también implica que las temporadas de incendios son más largas, cuenta el agente forestal Pérez. “En Galicia, que teníamos primaveras bastante lluviosas, el estrés de la vegetación [cuándo va a arder con facilidad] llegaba en agosto o septiembre. Fuera de esa temporada apenas teníamos fuegos por maquinaria agrícola, porque la probabilidad de ignición por un chispazo era muy poco probable. Pero en los dos últimos años, tenemos bastantes accidentes e incendios por esta causa. Eso significa que el combustible muerto está disponible y es posible provocar una ignición. En Galicia antes era improbable, quizá en septiembre. Ahora empieza en julio. Los incendios forestales están totalmente desestacionalizados, dependen de la climatología”.
Madrigal, del Colegio Oficial de Ingeniería Técnica Forestal, lo llama “suerte”, pero rápidamente se matiza: “Ahora estamos en manos de la suerte. Hemos tenido una semana meteorológica muy mala y viento del suroeste. Estábamos en riesgo extremo y teníamos que evitar que surgiera un incendio. Pero surgió, y además en zonas con una gran extensión forestal... Estás abandonado a la suerte, pero la suerte se busca, y si tienes masas forestales mal gestionadas, habrá que gestionarlas mejor”, cierra.